En este post voy primero a realizar, aprovechando comentarios de los que sois habituales a esta bitácora, un análisis de la realidad política percibida a través del estado de ánimo existente en la sociedad; para después proponer que, sin complejos, vayamos preparando un golpe de timón. Un golpe de timón que hay que darlo con entera normalidad, pues esto de la política ha de entenderse como el fútbol; un jugador puede haber sido en el pasado un verdadero crack, pero si en la temporada actual está bajo de rendimiento y resultados, deambula por el campo de juego y no mete ni un gol; pues a retirarlo toca. El ámbito político está plagado de estrellas en el más absoluto de los ocasos, de estrellas para las que su tiempo político ya pasó (no por edad, sino por falta de ganas y empuje) y que ahora lo único que hacen es estorbar.Le digo a nuestro amigo Miguel Álvarez en su bitácora que con qué precisión define la situación por la que estamos atravesando. Aprovecho para sugerir leer su último análisis titulado "Crucemos los dedos". Mi aportación al mismo ha sido la siguiente: ZP quiere confianza, pero el problema es que no se puede dar confianza a aquél que no la tiene en sí mismo, sus bandazos y ese tufillo casposo de su área de economía con Campa y la Señorita Pepis no me gustan nada. Además no terminan de darse cuenta cual es la gran reforma que hay que acometer, la relativa a las relaciones sociales y de producción; no podemos tener un sistema productivo del siglo XXI asentado, más bien lastrado, por unas relaciones sociales y de producción del siglo XIX. El propio partido o cualquier empresa son los ejemplos. Tanto en uno como en las otras, el que se mueve, el que opina no sale en la foto.












