Uno de los tópicos políticos españoles es atacar el sistema electoral, especialmente el sistema de atribución de escaños (la mítica ley D’Hontd), crítica que he oído en una circunscripción como Ceuta donde se elige a su diputado al Congreso por el sistema mayoritario.
Ya he dicho algunas veces que todo sistema electoral tiene que proporcionalidad, territorialidad y gobernabilidad. El crecimiento de uno de ellos implica normalmente el menoscabo de los demás. Los más complejos de aunar, en circunstancias políticas estables, son lo de proporcionalidad y territorialidad, lo cual ha llevado a que en España, en algunos casos voten los kilómetros cuadrados y no las personas.
Otras veces se ha solucionado dividiendo la representación en dos cámaras, una de la ciudadanía y donde prima la proporcionalidad y otra de los territorios, aunque nunca he estado convencido del todo de la “pureza democrática” de este método de origen decimonónico.
Esta división de la representación en dos cámaras inspiró las constituciones de los estados de los EUA y la inmensa mayoría de ellos tienen sistemas bicamerales, aunque desde una sentencia del Tribunal Supremo los criterios territoriales se sustituyeron por un mayor mandato y distritos electorales más grandes (y más chanchullos a la hora de establecerlos).
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Geografía Subjetiva.